Ya había oído en la televisión la alarmante noticia de que las abejas estaban muriendo por causas desconocidas pero este fin de semana me dí de bruces con la realidad.
Suelo comprar miel casera en un pueblo cuando tengo oportunidad. Este año no había ido aún pero el sábado aprovechando que paramos allí me acerqué a casa de una mujer que se dedica a elaborar de forma artesanal totalmente manual la miel que producen sus abejas. No tengo ni que decir que es una miel que no tiene comparación con las que venden en las tiendas o centros comerciales. Es casi sólida, muy dulce, un caramelo, una delicia. Yo la consevo como oro en paño. Ya de por sí tiene un color dorado casi blanquecino que da gusto verla, otra vez nada que ver con el color oxidado y herrumbroso de las marcas tradicionales que se ven en los estantes de los supermercados.
Miel comprada el invierno pasado
de la que sólo me queda esta pésima fotografía que he rescatado de una entrada anterior.
de la que sólo me queda esta pésima fotografía que he rescatado de una entrada anterior.
Cual fue mi sorpresa cuando llego con mi billete en la mano, pues pensaba comprar bastante, ya que hay gente que me encarga, y me encuentro con esta frase que me cayó como un jarro de agua helada:
-No hay miel.
-¿Cómo?
-Este año apenas ha habido miel, no hay abejas. Están muriendo todas.
No exagero si digo que me quedé triste pensando que este invierno mi apreciada miel no iba a acompañarme en mis Cola Caos mañaneros ni en mis noches de resfriado, como niña a la que le acaban de quitar la piruleta que está chupando con ansia.
-De cien panales que tengo sólo están funcionando cuatro.
-¡No me diga! Qué pena- dije compungida.
-Sí, son muy trabajadoras estas bichitas- dijo señalando a dos abejas que pululaban por ahí- pero este año han muerto casi todas y no sabemos por qué. Creemos que es por los pesticidas, si lo supiéramos podríamos hacer algo, darles alguna medicina o algo así, pero nada. No sabemos qué hacer.
-De cien panales que tengo sólo están funcionando cuatro.
-¡No me diga! Qué pena- dije compungida.
-Sí, son muy trabajadoras estas bichitas- dijo señalando a dos abejas que pululaban por ahí- pero este año han muerto casi todas y no sabemos por qué. Creemos que es por los pesticidas, si lo supiéramos podríamos hacer algo, darles alguna medicina o algo así, pero nada. No sabemos qué hacer.
Colmenas vacías
Me sorprendió el que hablase de sus "bichitas" con ese respeto, casi como el que habla de un hijo. Cruzamos un par de frases más y me despedí de ella recordando aquella sentencia que dictó Einstein: "Si las abejas comenzaran a desaparecer, a la humanidad le quedarían pocos años de vida".
Me gustaría añadir que estaría bien que lo pensásemos un poco antes de dar un papirotazo para matar a una "bichita" cuando la vemos revoloteando a nuestro alrededor.
Yo de momento este año, muy tristemente, me he quedado sin miel.
Da qué pensar y mucho.
Da qué pensar y mucho.
¿Qué vamos a hacer sin las "bichitas"?
¡Las abejas son nuestras polinizadoras más importantes!
No nos podemos permitir su desaparición.
¡Las abejas son nuestras polinizadoras más importantes!
No nos podemos permitir su desaparición.
Me permito añadir aquí un enlace muy interesante que nos ha dejado Le Mosquito sobre la adulteración de la miel, para quien le apetezca informarse. ¡Gracias Le!















